El reflejo de Landau: su papel en el tono en extensión y la postura, a qué edad aparece y desaparece, y su vínculo con la antigravedad.
Sostén a un bebé de unos meses boca abajo entre tus manos y se arqueará como un avión, con la cabeza y las piernas levantadas. Pero cuidado: lo que ves ahí no es del todo un reflejo arcaico como los demás.
Hola a ti, profesional del movimiento,
El reflejo de Landau suele clasificarse junto a los reflejos arcaicos, y en parte es un error de categoría que vamos a corregir de entrada, porque cambia la forma de entenderlo. Es un buen marcador del desarrollo de la postura, siempre que sepamos exactamente de qué hablamos. Vamos a aclarar su naturaleza, su papel y a ser honestos sobre lo que podemos atribuirle.
Empecemos por lo que casi ninguna página precisa. Los verdaderos reflejos arcaicos, como el de Moro, el de prensión o los tónicos del cuello, están presentes desde el nacimiento, a menudo ya desde la vida intrauterina, y luego se integran. El Landau hace lo contrario: está ausente al nacer y solo aparece hacia los tres o cuatro meses. Por tanto, en sentido estricto no es un reflejo primitivo: corresponde a lo que llamamos una reacción postural, o reacción de enderezamiento.
Esta distinción no es un detalle de vocabulario. Las reacciones posturales emergen precisamente a medida que el sistema nervioso madura y el córtex toma el mando: su aparición es una señal de progreso, mientras que la integración de un reflejo primitivo es una señal de maduración. El Landau pertenece a esa segunda generación, la que construye la postura sobre los cimientos que dejaron los reflejos más antiguos. Esto es lo que produce.
El Landau se manifiesta cuando se sostiene al bebé boca abajo, en el aire, por el vientre: extiende la cabeza, la espalda y las piernas en un arco, la famosa postura del avión o de superman. Ese gesto revela una competencia que está naciendo: la capacidad de activar toda la cadena de extensión posterior, la que va del cuello a las piernas, contra la gravedad.
Es una etapa clave del enderezamiento. Para levantar la cabeza, luego el tronco y después mantenerse de pie, el bebé tiene que aprender a movilizar esa cadena posterior de forma coordinada. El Landau es uno de esos hitos, estrechamente ligado al tono de base y a la organización antigravitatoria que autores como Magnus describieron ya a principios del siglo veinte. Esta reacción permanece un tiempo y luego se funde en el control postural voluntario, casi siempre a lo largo del segundo o tercer año. Y como con cualquier referencia del desarrollo, lo que importa es la trayectoria más que la fecha.
Un Landau que se instala con dificultad o que parece débil puede acompañar a un tono de base poco disponible, a una cadena de extensión posterior que cuesta organizar. En la práctica, se asocia a una postura que se hunde, a una dificultad para enderezarse y para sostener el esfuerzo postural en el tiempo. Son observaciones útiles, que conviene leer como indicadores de la madurez postural.
En cambio, conviene descartar las promesas que circulan. Se lee aquí y allá que un Landau no integrado explicaría la fatiga crónica, la falta de confianza en uno mismo o la dificultad para acceder a la alegría de vivir. Estas afirmaciones no se apoyan en ninguna base científica seria, y retomarlas perjudicaría la credibilidad del discurso. El reflejo es un indicador, no un culpable. Lo que sí podemos decir con mesura es que una cadena de extensión poco disponible cuesta en postura, y que una postura que cuesta de forma permanente resta energía. Conviene leerlo como una pista, nunca como una causa única.
El Landau nos interesa precisamente porque es una reacción postural: nos dice cómo el bebé organiza su tono de base y su extensión contra la gravedad, esa base sobre la que se construye cualquier gesto. Cuando leemos a un niño o a un adulto, rastreamos la disponibilidad de esa cadena de extensión y la entrada que la pilota, más que el Landau en sí mismo, ampliamente vestibular y propioceptiva.
Es un puente natural hacia la posturología, y resulta coherente con todo nuestro marco de lectura: leemos una salida, aquí el enderezamiento y el tono de base, y remontamos a las entradas sensoriales que la nutren. El Landau es una referencia de cómo se pone en marcha la postura antigravitatoria, que conviene relacionar con el sistema vestibular y con el reflejo tónico laberíntico.
No en sentido estricto. A diferencia de los reflejos primitivos, presentes desde el nacimiento, el Landau está ausente al nacer y aparece hacia los tres o cuatro meses. Es una reacción postural, o reacción de enderezamiento, que da fe de la maduración del sistema nervioso.
Cuando se sostiene al bebé boca abajo, en el aire, extiende la cabeza, la espalda y las piernas en arco, la postura del avión o de superman. Es la expresión de la cadena de extensión posterior que se organiza contra la gravedad.
Aparece hacia los tres o cuatro meses y se funde poco a poco en el control postural voluntario, casi siempre durante el segundo o tercer año. Estas referencias varían de un niño a otro.
Puede acompañar a un tono de base poco disponible y a una dificultad para enderezarse. Es un indicador de la madurez postural, que debe confirmar un profesional, no un diagnóstico, y desde luego no la explicación de dificultades emocionales.
El Landau pone en marcha la cadena de extensión antigravitatoria, base del control postural. Una organización frágil de esa cadena puede pesar, más adelante, sobre la disponibilidad postural, en estrecha relación con el sistema vestibular.
Por el equipo LabO RNP
Una reacción postural como el Landau se entiende en continuidad con los demás reflejos. Consulta la guía de los reflejos arcaicos para la visión de conjunto, y la formación RNP para el marco de lectura postural.

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