¡Sumérgete en el misterio del vestíbulo, el giroscopio del oído interno! Descubre cómo detecta movimientos y orientaciones, una obra maestra de la biología.
Publicado el 30 de octubre de 2025
El vestíbulo, ubicado en el oído interno, funciona como un giroscopio biológico. Convierte las aceleraciones de la cabeza en señales eléctricas gracias a los canales semicirculares (rotaciones) y a los otolitos (traslaciones y gravedad).
Los canales semicirculares contienen endolinfa y una cúpula gelatinosa. Durante una rotación, el fluido permanece inmóvil durante unos ms → deformación de la cúpula → inclinación de los cilios → variación de la frecuencia nerviosa. Un canal se excita, el otro se inhibe, codificando dirección y velocidad.
Los otolitos (utrículo, sáculo) poseen una membrana gelatinosa pesada por cristales. En caso de aceleración lineal o inclinación, las otoconias se mueven y cortan los cilios. Esto permite codificar la magnitud y el ángulo en relación a la vertical.
Las aferencias llegan a los núcleos vestibulares → motoneuronas oculares (RVO), motoneuronas extensores (vestibulospinal), cerebelo y corteza (percepción). Ganancia RVO normal ≈ 1; si < 0,7 → oscilopsias, inestabilidad.
Los canales miden rotaciones, los otolitos miden traslaciones/inclinaciones. Juntos, alimentan los reflejos estabilizadores e informan al cerebro sobre la orientación espacial.
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