Descubre cómo la neuromecánica y un enfoque dirigido pueden optimizar el rendimiento deportivo, centrándose en el cerebro y el sistema nervioso.
Bienvenidos a todos a este nuevo cuarto de hora de laboratorio. Hoy, vamos a explorar la temática del cerebro, la dosis y el rendimiento. Para comenzar, compartiré un testimonio sobre el acompañamiento realizado con un futbolista profesional.
Recientemente hemos trabajado con un jugador de muy alto nivel, explosivo y técnico, que enfrentaba un bloqueo en su velocidad de carrera. Esto no se debía a una lesión, sino más bien a una especie de techo invisible que limitaba su amplitud de zancada.
Durante el análisis de video, era evidente que su zancada estaba acortada y que su rigidez en el centro del cuerpo le impedía realizar su movimiento correctamente. A pesar de un excelente trabajo en el campo, algo no funcionaba.
Como consultor, decidí adoptar un ángulo diferente. En lugar de aumentar la carga, elegimos dialogar con el sistema nervioso. Trabajamos en dos ejes principales: la respiración y los reflejos vestibulares.
La clave de nuestro enfoque radica en la comprensión de la neuromecánica. A diferencia de la biomecánica, la neuromecánica se centra en el papel del cerebro en el movimiento. Cada movimiento es una salida motora controlada por el cerebro que evalúa las señales sensoriales.
Este bucle comprende entradas sensoriales, interpretaciones y decisiones que resultan en una salida motora. Si las entradas no son claras, la salida no será óptima. La buena noticia es que el cerebro se adapta constantemente gracias a la neuroplasticidad.
Para mejorar el rendimiento, es esencial respetar la regla de la dosis mínima efectiva. Esto significa que debemos determinar la cantidad precisa de estímulo necesaria para provocar una adaptación duradera sin crear estrés.
Antes de cada ejercicio, evaluamos indicadores como el tiempo de reacción o la coordinación. Después de estimular el sistema, reevaluamos de inmediato. Si se observan mejoras, significa que el cerebro ha validado el método.
En nuestro trabajo, hemos identificado tres sistemas sensoriales clave: la visión, el vestibular y la propriocepción. La visión es particularmente dominante, ya que representa casi el 60 % del córtex. Cuando estos sistemas están bien integrados, el movimiento se vuelve fluido.
En conclusión, no solo entrenamos músculos. Trabajamos con un sistema nervioso. Un cerebro seguro es sinónimo de rendimiento. Como entrenador o profesional, ya has integrado elementos de neuromecánica en tu práctica. Con las herramientas adecuadas, puedes optimizar este enfoque para mejorar el rendimiento de tus atletas.
Gracias por estar con nosotros hoy. Si tienes preguntas, no dudes en contactarnos por Instagram. ¡Hasta la próxima semana para un nuevo cuarto de hora de laboratorio!
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