Descubre cómo la motricidad influye en el lenguaje de los niños y los pasos para mejorar la comunicación a través de reflejos arcaicos.
Cuando un niño no habla, a menudo pensamos en la palabra, pero raramente en el movimiento. En este artículo, exploraremos cómo la motricidad está relacionada con el lenguaje. Antes de hablar, el niño debe moverse. Las estructuras cerebrales que controlan el movimiento están íntimamente ligadas a las que permiten hablar, articular y expresar una idea.
En Labo, observamos que los niños con retrasos en el lenguaje o trastornos de la comunicación a menudo presentan una inmadurez motriz. Reflejos arcaicos activos o una postura inestable también pueden estar presentes. Al trabajar en estas bases motrices, el lenguaje puede florecer.
El lenguaje moviliza una red muy amplia en el cerebro. Por ejemplo, el área de Broca es responsable de la producción del lenguaje, mientras que el área de Wernicke está involucrada en la comprensión del lenguaje oral y escrito. Estas zonas también están conectadas a áreas motoras que controlan los músculos de la lengua y los labios.
Es fascinante notar que las áreas motoras de los gestos manuales y de la expresión oral son anatómicamente cercanas en la corteza motora. Esto plantea la hipótesis de que los trastornos de la coordinación manual pueden estar asociados con dificultades en el lenguaje.
Antes incluso de que el niño pronuncie su primera palabra, desarrolla una gran cantidad de reflejos esenciales para la comunicación. Estos reflejos, que se desarrollan desde el periodo de gestación y durante los primeros meses de vida, deben integrarse para permitir que el niño hable normalmente.
Entre estos reflejos, encontramos:
Para mejorar la comunicación en los niños, aquí hay algunos pasos concretos a seguir:
Comienza con una evaluación neurosensorial con profesionales. Prueba los reflejos, la coordinación entre la mano y la boca, así como la postura.
Implementa ejercicios de estimulación táctil oral, como masajes en los labios y juegos proprioceptivos. También utiliza estímulos auditivos rítmicos para ayudar a establecer el habla.
Trabaja de manera isométrica en ciertos reflejos arcaicos que aún están activos. Combina ejercicios motores con el habla, como cantar mientras caminas.
Fomenta una comunicación multimodal asociando gestos a cada palabra. Por ejemplo, decir "Empujo" mientras empujas un objeto.
En conclusión, el lenguaje no se limita a palabras o sonidos. Es un proceso sensorimotor complejo. Un sistema nervioso inmaduro o en estrés crónico no está disponible para aprender a comunicarse. Al liberar reflejos o estimular anclajes sensoriales, podemos ayudar a los niños a utilizar mejor su boca y redescubrir el placer de hablar.
Si te interesa este tema, no dudes en solicitar un informe neuropostural para un niño con dificultades en el lenguaje. También puedes descargar nuestras guías sobre reflejos arcaicos y trastornos del neurodesarrollo. Gracias por tu atención y recuerda: antes de hablar, hay que sentir, y para sentir, hay que moverse.
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