Descubre el complejo papel del psoas, su activación y su impacto en la postura y el movimiento en este artículo esclarecedor.
El psoas es un tema que se aborda frecuentemente, a veces de manera excesiva, en el ámbito de las neurociencias y el rendimiento físico. Se le considera erróneamente como la única causa de muchos problemas, cuando en realidad forma parte de un sistema corporal complejo. Este artículo explora el papel multifacético del psoas, planteando la pregunta de si debe ser estirado o fortalecido, cómo activarlo de manera efectiva y su implicación en el equilibrio postural. Veremos que el psoas es solo un elemento de un conjunto y que su buena salud depende de un enfoque integral.
El psoas a menudo se destaca, a veces en exceso, convirtiéndose en un "caballo de batalla" para algunos, con discursos centrados únicamente en su estiramiento o movilidad. Sin embargo, en nuestra vida cotidiana, especialmente en posiciones sentadas prolongadas (conducción, oficina), el psoas tiende a permanecer en contracción isométrica, lo que dificulta su fortalecimiento a lo largo de toda su longitud.
Es crucial reconocer que el psoas no se fortalece lo suficiente en nuestra vida diaria. Ante una contracción constante, muchos tienden a estirarlo, pero eso no es suficiente. Para devolverle su importancia, primero debemos restablecer sus conexiones con el sistema nervioso central. El desarrollo fundamental del psoas se forja especialmente durante el gateo del bebé, donde el pie se ancla al suelo para empujar.
Las enfoques sobre el psoas son variadas. Algunas son "anti-psoas", otras lo colocan en el centro de todo, mientras que algunas adoptan una visión más equilibrada. El Pilates, por ejemplo, enfatiza el fortalecimiento inteligente del psoas trabajando sobre su longitud. El sistema StrongFirst, por su parte, lo mantiene regularmente bajo tensión durante los calentamientos, habiendo notado una activación significativa, e incluso considera al psoas como el "sede de las emociones", trabajando en su relajación para liberar tensiones psíquicas. Sin embargo, hasta la fecha, ningún estudio científico confirma plenamente este vínculo.
Un buen enfoque del psoas debe ser matizado. Es beneficioso activar el psoas a nivel del sistema nervioso, ya que es la base de nuestro desarrollo. Una buena activación nerviosa facilitará todos los movimientos y podrá liberar tensiones. El estiramiento puede ser útil en caso de rigidez o tensión en la parte baja de la espalda, pero no es sistemático y depende del ritmo de vida de cada uno. El fortalecimiento, por su parte, debe hacerse en sinergia con los demás músculos.
El psoas, aunque central, es un elemento de un sistema complejo y no un elemento aislado. Existe un bucle de retroalimentación constante entre el psoas y el sistema nervioso. Por lo tanto, es esencial trabajar en estos dos aspectos en paralelo, ya sea a través del estiramiento, el fortalecimiento específico u otras cadenas de acción indirectas que impactan el sistema nervioso, como la estabilidad reflexiva.
El psoas tiene incidencia en la postura, pero no es el único regulador. Es exagerado afirmar que el psoas es la causa de todos los problemas posturales o la fuente de un desequilibrio. Ciertamente, una tensión o contracción puede impactar la anteversión o retroversión de la pelvis, pero el cuerpo humano es un conjunto de caminos nerviosos, músculos y fascias que trabajan en sinergia. Atribuir todos los males a un solo músculo como el psoas es una simplificación excesiva, similar a la idea de que unos pectorales demasiado contraídos serían la única causa de hombros redondeados.
Un desequilibrio del psoas puede surgir al inicio de la reprogramación neuro-postural. El objetivo de esta reprogramación es global, integrando la neurociencia, la postura, los reflejos arcaicos, la nutrición y el movimiento. Si aparecen tensiones al principio, es porque el cuerpo se está recalibrando, creando un nuevo sistema de equilibrio. Sin embargo, estas tensiones deberían desvanecerse al final del proceso. De hecho, se recomienda consultar a un osteópata antes y después de una reprogramación para realinear las tensiones.
Para mantener un psoas sano, el movimiento es esencial. Un estilo de vida estático, combinado con ejercicios como elevaciones de piernas o abdominales, que solicitan excesivamente al psoas sin un trabajo integrador, puede provocar tensiones. Se deben priorizar movimientos inteligentes y proprioceptivos, como deslizamientos laterales en la cadera, que permiten dar sentido al movimiento y trabajarlo de manera efectiva.
Cuando un psoas está más tenso de un lado que del otro, hay que plantearse la pregunta del "porqué". A menudo, el psoas no es la causa principal, sino la víctima de un desequilibrio general. Una pelvis en rotación, problemas en los ojos o los pies pueden tener un impacto en la tensión del psoas. Por lo tanto, es esencial adoptar una visión holística y verificar todo el sistema corporal para encontrar la verdadera fuente del problema.
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