Descubre cómo los factores emocionales influyen en nuestra postura y rendimiento, y la importancia de los reflejos arcaicos en este proceso.
Bienvenido al Cuarto de Hora Neuro, donde discutimos problemáticas del terreno y buscamos pistas de reflexión. Hoy abordamos una pregunta frecuente: ¿por qué los factores emocionales bloquean la postura?
Antes de abordar el aspecto del coaching mental, es crucial entender el impacto de los reflejos arcaicos y del desarrollo humano. Desde la infancia, los contactos sensoriales son esenciales para desarrollar las áreas cerebrales premotoras y motoras, que a su vez permiten el desarrollo emocional. Por lo tanto, hay una correlación directa entre la emoción y la postura, una desarrollándose junto a la otra.
Los reflejos arcaicos son las bases del desarrollo postural. Tomemos como ejemplo el Reflejo de Paralización por Miedo (RPM). Aunque permite una reacción rápida ante el peligro, una integración incorrecta de este reflejo puede tener grandes consecuencias en la postura. El RPM es de hecho un precursor para la integración de otros reflejos arcaicos esenciales, de los cuales dependen una docena más para emerger e integrarse correctamente.
Estos reflejos se establecen muy pronto, desde la vida intrauterina. Los movimientos de la madre estimulan el desarrollo de las esferas vestibulares y proprioceptivas. El paso por el canal de nacimiento también activa y desarrolla numerosos reflejos. En posturología, a menudo buscamos reequilibrar la postura trabajando en estos reflejos arcaicos que son los pilares fundamentales de nuestra organización corporal.
Es importante notar que los factores emocionales no siempre son bloqueadores. También pueden mejorar la postura, dependiendo de cómo sean percibidos. Por eso es crucial tenerlos en cuenta al realizar una evaluación postural, ya que pueden modificar la postura casi instantáneamente. Una emoción fuerte, ya sea positiva o negativa, puede transformar el perfil postural de una persona de manera significativa.
Más allá de la postura, las emociones impactan el rendimiento motor y físico. El cerebro tiene una necesidad fundamental de seguridad. Si no se siente seguro, entra en modo de supervivencia y activa mecanismos de defensa, que pueden traducirse en una mala postura, como una tendencia a encorvarse. Existe una correlación probada entre una postura encorvada y el estrés.
Por el contrario, una postura abierta y confiada, a menudo asociada con una persona segura de sí misma, puede influir en el equilibrio hormonal, como el nivel de testosterona. Estudios muestran que dos minutos en una posición de "fuerza" pueden modificar positivamente los niveles hormonales. Este vínculo entre postura, emociones y hormonas también es evidenciado por la osteocalcina, una hormona liberada por el hueso en respuesta al estrés, que participa en la salud global del cuerpo.
A diferencia de la creencia popular, el estrés no siempre es desfavorable; de hecho, es necesario para nuestra evolución. El objetivo es no caer en el exceso y aprender a gestionar las diferentes respuestas al estrés: el "freeze" (petrificación), el "fight" (lucha), el "flight" (huida) o el "flow" (estado óptimo). El sistema nervioso busca un equilibrio para permitirnos navegar entre estos estados.
Si no te sientes seguro, ya sea que la amenaza sea real o percibida, tu sistema entra en modo de supervivencia. En este estado, es imposible alcanzar el rendimiento óptimo. Los mecanismos de defensa que activa el cuerpo sirven ante todo para tu protección, lo que puede alterar la postura y el equilibrio.
Trabajar en el aspecto emocional es fundamental. Un elemento simple como la respiración puede tener un impacto directo en una sesión deportiva. Incorporar ejercicios de respiración al inicio de una sesión puede aportar cambios significativos. El factor emocional es uno de los primeros puntos abordados en nuestras formaciones y mentorías, subrayando su carácter esencial.
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