Descubre cómo la práctica deliberada y el análisis de los factores neurocognitivos pueden mejorar tu tiro en baloncesto.
La idea de que la repetición sola de un gesto, como un tiro en baloncesto, es suficiente para mejorarlo es una concepción simplista. El concepto de las "diez mil horas de práctica" debe ser matizado. Es esencial referirse a Ericsson y su modelo de práctica deliberada. Este enfoque implica volver al entrenamiento con una mentalidad de principiante, con el objetivo de integrar conscientemente los puntos de mejora identificados, en lugar de repetir mecánicamente el mismo movimiento.
Repetir una acción sin intención ni conciencia puede ser contraproducente. No se trata de acumular el mayor volumen de repeticiones, sino de comprometerse en una práctica reflexiva con intenciones claras, concediéndose pausas para tomar conciencia del movimiento. Una repetición constante de un gesto imperfecto no conduce al progreso; más bien, ancla malos hábitos.
El rendimiento de un tiro en baloncesto no depende únicamente de la mecánica del tiro. Es crucial identificar y trabajar sobre los factores limitantes, sean neurológicos, físicos o neurocognitivos, especialmente en lo que respecta a la toma de información.
Un tiro en baloncesto se desarrolla en un entorno complejo y dinámico, con adversarios y restricciones espaciotemporales. Por lo tanto, el entrenamiento debe reflejar estas condiciones. Limitarse a "tirar solo" no aportará mucho si no se desarrolla la capacidad de ejecutar el gesto bajo presión y en interacción con el entorno.
En una situación de partido, un tiro nunca se realiza en condiciones ideales. Puede implicar un desplazamiento, un salto, un empuje, movilizando así el sistema vestibular y proprioceptivo. La integración de esta información bioinformacional es fundamental y debe trabajarse de antemano. Aquí es donde las neurociencias encuentran toda su relevancia.
Los problemas de visión, como la convergencia o la fijación, pueden impactar directamente en la precisión de un tiro, especialmente a larga distancia. Si el ojo tiene dificultades para enfocar o mantener una fijación estable, la preocupación y el estrés pueden aumentar, perjudicando la eficiencia del gesto. Por lo tanto, es esencial trabajar en estos aspectos motores y de toma de información.
Para progresar, se recomienda seguir un ciclo de aprendizaje que comienza con una fase de "novato" en una instrucción técnica específica. Gracias a retroalimentaciones rápidas (entrenador, video), el atleta se convierte en "competente". Luego, con más retroalimentaciones y práctica, gana en "experiencia", para finalmente alcanzar un nivel de "maestría". Una vez adquirida la maestría, la dificultad debe aumentarse o introducirse una nueva instrucción, regresando al atleta a un estado de "novato" en esta nueva tarea. Esto permite seguir mejorando las coordinaciones inter e intramusculares.
La simple repetición sin intención de progresar, sin buscar pasar por estas diferentes etapas, no conduce a una mejora real. No se trata de una sobrecarga progresiva en volumen puro, sino de una sobrecarga progresiva en términos de coordinación y complejidad.
Reflejos arcaicos no integrados, como los reflejos de extensión relacionados con el salto o los reflejos del cuello durante tensiones, pueden reducir la eficiencia de un movimiento y de toda una cadena muscular. Estos aspectos deben ser verificados ya que pueden impactar en la calidad del tiro más allá de la simple repetición del gesto.
La combinación del análisis de la tarea específica del deporte con el trabajo sobre los factores neurocognitivos y los reflejos arcaicos es crucial. Una colaboración estrecha con el entrenador es esencial para pasar de lo general a lo específico. Es este enfoque holístico el que hará que la repetición del gesto sea mucho más eficiente para el jugador.
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