Descubre cómo se pueden abordar las dificultades de concentración en los jóvenes mediante un enfoque integrado que incluye el sistema vestibular y la gestión del estrés.
Hoy abordaremos un tema crucial: las dificultades de concentración en los niños. Esta problemática es cada vez más frecuentemente observada por los profesionales de la primera infancia, ya sean logopedas, terapeutas ocupacionales o educadores. El objetivo es comprender qué puede interferir con el desarrollo de nuestro "motor" interno y así causar estos trastornos de concentración. Te proponemos tres grandes líneas de trabajo.
El diagnóstico es unánime: muchos jóvenes tienen dificultades para mantener la atención y concentrarse en una tarea. Ya sea en niños prematuros con trastornos de concentración marcados o en la nueva generación enfrenta un flujo constante de estímulos, la pregunta se plantea: ¿cuáles son las causas de estas dificultades y cómo remediarlas?
Es esencial comprender el vínculo entre los reflejos arcaicos y la puesta en marcha de los sistemas sensoriales. Antes incluso de los reflejos, el sistema vestibular ocupa un lugar primordial. Está relacionado con el equilibrio y desarrolla el reflejo tónico laberíntico, uno de los primeros reflejos arcaicos en manifestarse y que tiene un impacto directo en la concentración.
Otros reflejos, como el reflejo tónico asimétrico del cuello o los reflejos espinales como Galant y Pérez, también influyen en la capacidad de concentración. Para actuar de manera efectiva, se recomienda comenzar evaluando y potencialmente reeducando el sistema vestibular, asegurando su correcta calibración. El cerebelo, estrechamente relacionado con el sistema vestibular, juega un papel crucial en la cognición.
El cerebelo puede compararse con una mariposa: su parte central (el vermis) gestiona la estabilidad y los reflejos, la parte intermedia está relacionada con las articulaciones y las partes laterales con la destreza fina y las funciones cognitivas. Trabajar en la parte central puede tener beneficios amplios en las funciones cognitivas, incluida la concentración y la toma de decisiones. Estas partes laterales del cerebelo están directamente conectadas al lóbulo frontal opuesto, responsable de nuestras funciones ejecutivas.
Los trastornos cognitivos suelen estar relacionados con un desarrollo insuficiente de los reflejos arcaicos. Un reflejo tónico laberíntico mal integrado, por ejemplo, puede impactar no solo la concentración sino también otros aspectos como la organización. Por lo tanto, es crucial tratar estos elementos en un orden progresivo y lógico, comenzando por la base, es decir, el vermis y el trabajo vestibular, especialmente a través del reflejo tónico laberíntico.
Es importante resaltar que todo está interconectado: no se puede considerar tratar un problema de concentración sin tener en cuenta todos los sistemas sensoriales y reflejos. Un enfoque secuencial y holístico es la clave para un desarrollo armonioso.
Más allá de los aspectos puramente neurológicos, interviene una componente emocional significativa. Un niño que vive en un entorno de estrés o ansiedad verá su capacidad de concentración disminuida. Si el cerebro de un niño está constantemente en modo "supervivencia" o "seguridad", no podrá concentrarse plenamente en una tarea dada, siempre listo para reaccionar a la menor perturbación.
El estrés puede ser generalizado o surgir en situaciones específicas, como antes de un examen o un evento deportivo. En esos momentos, un niño estresado tendrá dificultades para movilizar sus recursos cognitivos para concentrarse. Por lo tanto, es primordial explorar y gestionar las fuentes de estrés y ansiedad en el niño, ya que un cerebro seguro es un cerebro que puede expresarse plenamente y desarrollar su potencial cognitivo.
El concepto de seguridad no se limita al entorno emocional. La seguridad física, o la sensación de bienestar en su propio cuerpo, también es esencial. Un niño que no se siente seguro en su cuerpo, como se puede observar en algunos niños prematuros con reflejos arcaicos no integrados (como Moro o Galant), tendrá dificultades para concentrarse y movilizar sus capacidades de aprendizaje.
El cerebro humano filtra la información en función de su carácter seguro. Si una situación se percibe como no segura, el lóbulo frontal, responsable de los procesos cognitivos complejos, no podrá funcionar a su máximo potencial. La creación de este sentimiento de seguridad pasa por la exploración, el diálogo y un trabajo sobre los reflejos arcaicos.
Por lo tanto, hemos identificado tres ejes principales para trabajar en las dificultades de concentración:
Si tuviéramos que priorizar un eje de trabajo, el sistema vestibular se destaca, ya que se encuentra en la intersección de la estabilización del eje corporal, las funciones cognitivas y la regulación emocional. Estudios muestran un fuerte vínculo entre el sistema vestibular y la cognición, así como entre el vestibular y las emociones. Es un centro neurálgico a considerar para cualquier intervención.
En resumen, para mejorar la concentración de los jóvenes, se impone un enfoque holístico que tenga en cuenta la integración de los reflejos arcaicos, el buen funcionamiento del sistema vestibular y un entorno emocional seguro. Trabajar en estas bases permitirá a los niños desarrollar plenamente su potencial cognitivo.
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